¡Cuan grata sorpresa nos llevamos al llegar a ese maravilloso páramo al que sus moradores gustan llamar *NAVELGAS*!.
El día (climatológicamente hablando), se estaba desarrollando de manera idílica, y cuando al fin percibimos ese reparador aire de la montaña, el hambre empezó a acusarse de sobremanera...
Hambre que Chuso supo aplacar convincentemente.
Cuando hablo de Chuso, estoy hablando de un personaje, sin duda singular, de los de buen porte y sanas maneras de vivir (entusiasmo por la vida que sabe transmitir inevitablemente).
¡Que bien nos sentimos ante semejante acogida!.
Bien comidos y bien bebidos, no hubo excusa para deleitar al respetable de la mejor forma que se nos ocurrió (con un poco de rock and roll de alto voltage por bandera).
¡GRACIAS A CHUSO Y A SU ELENCO DE HABITUALES, POR UNA LECCIÓN MÁS DE VIDA Y OBRA!